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1 de febrero de 2015

Psoriasis


La psoriasis es una enfermedad inflamatoria de la piel que produce lesiones escamosas. Un 1,5% de la población la padece, y aunque es crónica la psoriasis es la enfermedad dermatológica en la que más avances científicos se producen debido a su prevalencia. La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica que en ocasiones afecta, además, a las articulaciones, para la que existe una predisposición genética.

De hecho, la psoriasis no es contagiosa: no la provoca ningún microbio sino el propio sistema inmunitario. Muchos pacientes arrojan la toalla cuando saben que es una patología crónicaSi un progenitor ha padecido la enfermedad, las probabilidades de heredarla rondan entre un 30 y un 50%, mientras que si ambos progenitores la sufren, las posibilidades aumentan de un 50 a un 70%.

Aunque sea crónica, la psoriasis es tratable. "Existe un porcentaje elevado de pacientes que no acuden al dermatólogo o que no se someten al tratamiento porque arrojan la toalla cuando se enteran de que la psoriasis es una patología crónica", explica el doctor Miquel Ribera, vicepresidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Es crónica, no obstante, de modo espontáneo puede desaparecer durante periodos más o menos largos. Esta enfermedad puede aparecer a cualquier edad. Síntomas y factores

Los síntomas de la psoriasis son: 

 Vasodilatación Placa roja sobreelevada Escamas blanquecinas nacaradas Se localizan en codos, rodillas, zona lumbosacra y cuero cabelludo
El origen de la enfermedad se produce cuando el sistema inmunitario, concretamente, los leucocitos T que circulan en la sangre, atacan a los queratinocitos, las células que conforman la epidermis (la capa más superficial de la piel).

Estos responden y se multiplican, generando en la piel placas de color rojo debido a la inflamación cubiertas por escamas.

 Algunos de los factores que precipitan la aparición de psoriasis son: Tenencia de otra enfermedad autoinmune (como la enfermedad inflamatoria intestinal o enfermedad de Crohn) Infecciones Estrés Traumatismos Consumo de tabaco o alcohol

Cómo se trata la psoriasis 

 Los tratamientos se centran en combatir el estado de autoinmunidad y blanquear la piel. Existen tres niveles de psoriasis desde el punto de vista terapéutico, dependiendo de la extensión de las lesiones: Psoriasis leve: posee menos del 10 por ciento de la piel con lesiones, para lo que necesita tratamientos tópicos, es decir, que se aplican directamente sobre la lesión, como pomadas o cremas. Psoriasis moderada: la extensión de las lesiones es superior al 10% por ciento de la superficie dérmica. Psoriasis grave: superan el 20% o se localizan en lugares más "sensibles psicológicamente" como la cara.

En estos casos, se sigue con cremas y se le proponen al paciente unos tratamientos más efectivos pero con más efectos secundarios. Estos tratamientos consisten en pastillas o tratamientos biológicos, que se inyectan de forma subcutánea, como la insulina, o endovenosos. 

26 de mayo de 2011

Síndrome de Fatiga Visual

Síntomas del Síndrome de Fatiga Visual:

Molestias oculares: tensión, pesadez de ojos, picores, quemazón, necesidad de frotarse los ojos, somnolencia, escozor ocular y aumento del parpadeo.

Trastornos visuales: dificultad al percibir los caracteres en las pantallas, visión borrosa al mirar de lejos y diplopia (visión doble).

Síntomas extraoculares: cefaleas, vértigos y sensaciones de desasosiego y ansiedad, además de molestias en la nuca y la columna vertebral.

Atención con los niños: se adaptan y aguantan la fatiga si algo les interesa"Ante estas pantallas, debido a la concentración, solemos parpadear menos de lo normal. Si la frecuencia media del parpadeo es de 20 veces por minuto, cuando fijamos la visión, solemos hacerlo sólo 5 veces por minuto. Si aún así notas que tienes los ojos secos, también puedes recurrir a un colirio.


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24 de marzo de 2011

Lupus


El Lupus es una enfermedad autoinmune crónica que afecta al tejido conjuntivo. Se caracteriza por una inflamación y daño de tejido causado por el sistema inmunitario, concretamente a la unión de anticuerpos a las células del organismo y al depósito de complejos antígeno anticuerpos.

El Lupus ataca concretamente al aparato reproductor, articulaciones, piel, pulmones, vasos sanguíneos, riñones, hígado y al sistema nervioso. La enfermedad tiene picos o crisis alternados con remisión de la misma.

Se presenta más comúnmente en africanos y asiáticos. Afecta 9 veces más a las mujeres que a los hombres. Se tratan comúnmente con corticoides, inmunosupresores y antipalúdicos como la hidroxicloroquina.

La historia del lupus eritematoso se puede dividir en tres periodos: el clásico, el neoclásico y el moderno.

El periodo clásico comienza cuando la enfermedad fue reconocida por primera vez en la Edad Media y se vio la descripción de la manifestación dermatológica de la enfermedad. El término lupus se atribuye al médico del siglo XII Rogerius, quién lo utilizó para describir el eritema malar clásico.

El periodo neoclásico se anunció con el reconocimiento de Móric Kaposi en 1872 de la manifestación sistémica de la enfermedad. El periodo moderno empieza en 1948 con el descubrimiento de las células del lupus eritematoso (aunque el uso de estas células como indicadores de diagnóstico ha sido ahora abandonado en gran parte) y se caracteriza por los avances en nuestro conocimiento de la fisiología patológica y las características clínicas y de laboratorio de la enfermedad, así como los avances en el tratamiento.

La medicación útil para la enfermedad fue descubierta por primera vez en 1894, cuando se divulgó por vez primera que la quinina era una terapia efectiva. Cuatro años después, el uso de salicilatos en conjunción con la quinina demostró ser todavía más beneficioso. Este fue el mejor tratamiento disponible para los pacientes hasta mediados del siglo veinte cuando Hench descubrió la eficacia de los corticoesteroides en el tratamiento del lupus eritematoso sistémico.

A pesar de los efectos beneficiosos que presentó el uso de corticoesteroides, se presentaron casos en los que dicha medicación causó mas daño que beneficio.

En la década de los 50, la mayoría de los pacientes diagnosticados de LES vivían menos de cinco años. Los avances en diagnosis y tratamiento han aumentado la supervivencia al punto en que más del 90 % de los pacientes ahora sobrevive más de diez años y muchos pueden vivir relativamente sin presencia de síntomas.

La causa más común de muerte es la infección debido a la inmunosupresión como resultado de los medicamentos usados para controlar la enfermedad. El pronóstico es normalmente peor para hombres y niños que para mujeres. Afortunadamente, si los síntomas siguen presentes después de los 60 años de edad, la enfermedad tiende a tomar un curso más benigno.